A las 16, Argentina iniciará su temporada con un partido de alto honor; entre las bajas y el poderío del rival, un desafío gigantesco

Hay partidos que se ganan una página dorada en los libros de historia por la épica intrínseca de su desarrollo. Otros, en cambio, ya están inscriptos de antemano. Aun sin haber sido jugado, el duelo con los British & Irish Lions tiene reservado un apartado saliente en los anales del rugby argentino.
Para captar la dimensión de lo que ocurrirá este viernes, con los Pumas como protagonistas y a las 16 de Buenos Aires, en el Aviva Stadium, de Dublín, Irlanda –el mítico Lansdowne Road–, hay que comprender lo que implica el combinado británico para el mundo del rugby. Llegar a representar a su país es el sueño de todo jugador, pero llegar a los Lions es un estrato superior. Es el máximo honor al que los rugbiers nacidos en las islas británicas aspiran, el equivalente al Salón de la Fama en la NBA. Enfrentarse con ese equipo, entonces, representa una distinción similar, máxime cuando la posibilidad llega a partir de una invitación al margen de los tours regulares.
Creados en 1888 a partir de una gira por Nueva Zelanda y Australia, los Lions forjaron con el tiempo la tradición de realizar largos periplos hacia el sur para afrontar una serie de test matches y partidos provinciales. Entre 1910 y 1936, la Argentina fue uno de los destinos, en tres ocasiones, pero luego los europeos se limitaron a visitar las potencias de Oceanía y Sudáfrica. En 1950 adoptaron oficialmente el nombre de Lions y desde 1989 alternan cada cuatro años, en los de números impares que no son mundialistas. Excepto que los cruces con el combinado británico se conviertan en moneda corriente, algo altamente improbable, la oportunidad de jugar contra él es todo un acontecimiento para los Pumas.
El único antecedente en los últimos 89 años se dio en 2005, en circunstancias muy similares a éstas. Por estar al margen del calendario internacional, la selección argentina no cuenta con los jugadores que están en actividad en sus clubes. Así, el entrenador Felipe Contepomi, capitán 20 años atrás, perdió a unos ocho titulares y debió recurrir a once jugadores que actúan en las franquicias del país. Entre los 23 que saldrán a la cancha hay tres que carecen de experiencia internacional y otros tres que apenas tienen un partido cada uno.