Las olas de calor se han convertido en una realidad constante durante el verano en Argentina. Sigue leyendo para conocer los detalles.

Las temperaturas extremas del verano argentino aumentan el riesgo de sufrir golpes de calor. Conocé los síntomas de alerta, los grupos más vulnerables y las medidas preventivas recomendadas por especialistas para cuidar tu salud. A continuación, contaremos las medidas de cuidado.
Síntomas graves que requieren atención urgente
Cuando los mecanismos de termorregulación fallan completamente, se produce el golpe de calor propiamente dicho, una emergencia médica que demanda intervención inmediata. Los signos característicos incluyen fiebre superior a 39 grados, piel enrojecida y seca sin transpiración, confusión mental, desorientación, somnolencia extrema, vértigo y, en casos severos, convulsiones o pérdida de consciencia.

Este cuadro puede desencadenarse por exposición prolongada a temperaturas elevadas, ejercicio físico intenso en ambientes calurosos y húmedos, o permanencia en espacios cerrados con ventilación deficiente. Los grupos de mayor riesgo son los menores de un año, adultos mayores de 65 años y personas con enfermedades crónicas como diabetes o patologías cardiovasculares.
Diego Sánchez Gelós, médico clínico del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires, advierte sobre la importancia de reconocer tempranamente las señales de alerta.
Según explica el especialista, los adultos mayores frecuentemente tienen disminuida la sensación de sed, lo que reduce su ingesta hídrica. Los niños pequeños enfrentan una vulnerabilidad adicional al depender de adultos para acceder al agua.
Medidas preventivas y primeros auxilios
La prevención resulta fundamental para evitar complicaciones. Los expertos recomiendan consumir al mínimo dos litros de líquido diario sin esperar a tener sed, ofrecer agua frecuentemente a niños y bebés, y permanecer en ambientes frescos y ventilados.
Es esencial evitar la exposición solar directa entre las 10 y las 17 horas, usar ropa holgada de colores claros y tejidos naturales como algodón, además de proteger la cabeza con sombreros o gorras. La alimentación debe priorizar frutas y verduras con alto contenido de agua, como sandía, melón y pepino, evitando comidas copiosas que incrementan la sensación térmica.

La actividad física debe realizarse en horarios de menor temperatura, preferentemente temprano por la mañana o al atardecer, manteniendo hidratación constante.
Ante los primeros síntomas, es crucial trasladar a la persona a un lugar fresco, aflojar su vestimenta, aplicar paños húmedos y ofrecer agua en pequeñas cantidades.
Si hay desmayo o empeoramiento, se debe contactar inmediatamente al servicio de emergencias. La acción rápida puede marcar la diferencia entre una recuperación sin complicaciones y consecuencias graves para la salud.
